Experiencias Robinsones Urbanos

Recopilación de artículos publicados en robinsonesurbanos.org

Las experiencia de como diferentes Robinsones Urbanos aborda su cotidianeidad y lleva a cabo sus tareas diarias, sus relaciones sociales.

 


La importancia de llevar un registro periódico

No sé si habéis visto Memento. Bueno, pues en caso negativo ¡ya estáis pidiéndola en la biblioteca o buscándola en la red!

Yo la vi recientemente y, más allá del interés que pueda tener como película (a mí me gustó bastante), me resultó especialmente impactante lo crudamente que representa la vida de alguien sin memoria a corto plazo, y lo parecido a nuestras vida que realmente es eso. Pienso que, evidentemente de una manera muy exagerada, está retratando a una persona cualquiera, a un robinsón cualquiera. Alguien que no sabe muy bien lo que hizo ayer (o hace unas horas), y entonces la incertidumbre crece a pasos agigantados en su vida y cualquier decisión que tome en estas condiciones estará ensombrecida por la duda.

El cerebro nos engaña continuamente. Nuestra memoria no es estática y fácilmente accesible como puede ser un disco duro. Es caprichosa, selectiva, flexible, móvil, cambiante... Esto es un recurso más de la selección natural, es un mecanismo para hacer nuestra vida mejor, o en otras palabras, para sobrevivir. Quizás, si fuéramos capaces de recordar todo lo negativo que nos ha ocurrido en nuestra vida concentrado en un sólo instante, rebentaríamos de pena o dolor. Nos guste o no, nuestras neuronas nos engañan, ocultando regiones traumáticas, maquillando otros momentos tristes para hacerlos tragables...

Pero no siempre resulta positivo per se esta forma de funcionar de nuestro cerebro. Con el estrés generalizado de nuestras vidas actuales, este arma se nos puede volver en contra, y a veces la memoria nos fastidia también los momentos positivos. Nadie está libre de caer en una neurosis. Al fallar la sinapsis entre neuronas, la memoria se debilita, al igual que empeora nuestro carácter o se desregula el sueño. Además, un neurótico precisamente olvidará selectivamente muchos momentos agradables, afeará inconscientemente otros recuerdos positivos, y precisamente recordará claramente cosas que mejor que hubiese olvidado hace tiempo.

Bueno, como no soy un experto en estos temas y probablemente haya metido varias gambas científicas a estas alturas del post, voy a ir al grano. O voy a intentarlo, al menos :D

Alguien con una vida feliz, sin carencias, con los objetivos claros y todo sobre ruedas supongo que puede confiar en su cerebro y no preocuparse con estos temas (aunque precisamente uno de los aspectos más perversos por ejemplo de la depresión es que quien la sufre va entrando en la cueva sin darse cuenta... con lo cual ¡incluso esos elegidos seres plenamente felices deberían tener precaución y seguir leyendo!). Pero el resto de los mortales, Robinsón de la Isla incluido, debemos hacer como el protagonista de Memento, pero en versión no-peliculera.

Debemos llevar cierto registro (hay muchas maneras de hacerlo) de lo que hacemos, especialmente de lo positivo. Por muy poca informática que hayamos usado, todos sabemos lo importante que es darle a Guardar periódicamente, ya sea en el word, en el autocad o en el adobe loquesea. Y si no, sabemos que nos arriesgamos, en caso de que ocurra un temido ERROR FATAL o un simple corte de electricidad, a perder horas de trabajo y volver al punto en que nos encontrábamos al principio de la jornada, amén de olvidar todos los pasos que tenemos que volver a dar, sufriendo el consiguiente bajón de autoestima (nos sentimos literlamente inútiles) y toda la espiral de sucesos negativos que ocurren ante un paso atrás.

Evidentemente, siempre será posible volver a rehacer el trabajo perdido, pero desde luego será mucho menos desagradable cuanto más frecuentemente guardemos el archivo. Al llevar al papel (o a internet 2.0, ¡mucho mejor!) lo que vamos haciendo cada día, nos estamos haciendo un buen seguro frente a cualquier imprevisto, nos blindamos frente a la actitud muchas veces caprichosa de la memoria.

Ayer le comentaba todo esto a Ramón, lo necesario que es para muchas personas, como yo, llevar este tipo de registros de aquello que suele darnos problemas. Yo por ejemplo, entre otras cosas, tengo bastante poca disciplina en el trabajo/estudios: pues es fácil, estoy llevando un control del número de horas que echo cada día en la carrera. Así, si llega el fin de semana y sumo, digamos, 42 horas de trabajo (no cuento los descansos, el transporte, etc, pero sí ir a clase por ejemplo), puedo disfrutar con mucha más tranquilidad el tiempo libre, y en caso de que una parte de mi cerebro piense el sábado "flojo, deberías aprovechar el fin de semana y adelantar tarea", yo tengo argumentos para no ceder ante ese pensamiento estresante, además de localizarlo rápidamente, y mandarlo bien lejos, para así disfrutar de un merecido descanso, que bien me vendrá para el lunes empezar con fuerzas y alegría. O a la inversa, si el miércoles veo que el lunes y el martes sólo me he puesto, pongamos, 3 horas, sé que es hora de ponerme las pilas y apretar las tuercas lo que queda de semana, y quizás tenga que tirar del sábado. Pero así, lo que sea lo decido con claridad, sin incertidumbre, no en la oscuridad, que como todos sabemos es donde de pequeñ@s éramos vulnerables a fantasmas y monstruos nocturnos (que luego nunca nos atacaban de verdad!, pero bien que nos cagábamos sólo con imaginar!) Que cuidas poco la dieta, pues a registrar lo que comes a diario, así sabrás siempre si te estás pasando o te estás quedando corto. Que sueles descuidar el sueño, o los amigos, o tienes una adicción... pues apuntas -con unos segundos al día tienes de sobra- si has cuidado ese tema o no. Y así con todo. Incluso a quien no tenga problemas en su vida, no le vendría mal, para prevenir, registrar (quizás no a diario, sino semanalmente) esquemáticamente, a modo de tags, aquellas cosas que haya cuidado esa semana. Aquí la creatividad aparece, hay tantas formas de registrar como queramos. Podemos poner un número del 1 al 10 (o más fácil: bien, regular o mal) en varios temas como pueden ser los ya citados: trabajo/estudio, dieta, amistades, sueño, y se me ocurren otros como humor, sexo, estado de ánimo, deporte, entretenimiento, cultura...

Ramón añadió que para una persona con trastorno bipolar llevar un registro no es ya algo muy positivo o necesario. En sus palabras (quizás algo dramáticas!), esto es cuestión de vida o muerte. Sean o no completamente acertadas estas palabras, sin duda en un enfermo mental crónico todo esto es más necesario que en alguien sin esa discapacidad. El margen de error se estrecha mucho más que en los demás: hay que optimizar al máximo las herramientas de que disponemos, y usarlas todas, para acercarnos todo lo que podamos a una vida sana, y alejarnos del polo negativo.

Creemos, pues, ese registro, que podrá ser un formulario tipo, para facilitar la tarea de rellenar en fases depresivas, u otras situaciones en las que el enfermo disponga de poco tiempo, como un viaje. Yo trataría de ser lo más esquemático posible, pues más vale que el enfermo lo rellene todos los días (y cuando no lo rellene, el sistema envíe una alerta por RSS, mail ó SMS a su red de emergencia, para que lo llamen y comprueben qué ha pasado), que ser muy específicos, muy ambiciosos, y hacer así tan pesada la tarea al enfermo (quizás no en fase eufórica), que en fase depresiva sea impensable que se rellene ni un apartado. O igual se puede concebir un sistema "de dos dimensiones o capas", una rápida, mínima, obligatoria que si no se rellena salta la alarma, y otra para añadir mayor precisión, voluntaria, más extensa...

En una siguiente fase se podría implementar con estadísticas, gráficas, que puedan darnos incluso una predicción (igual que las estadísticas de visitas de un blog o sus tags=etiquetas) de lo que puede pasar probablemente. Pero esto sería claramente, en mi opinión, una segunda fase... mejor empezar con algo sencillo, que eche a andar, como ya estamos haciendo con esta web... y ya se irá implementando en un futuro.

No sé si finalmente he ido al grano o más bien me he ido por las ramas... veo el post bastante largo, pero no veía otra manera que ir encadenando una cosa con otra.

Mi enfermero psiquiátrico

Después de años luchando contra el trastorno bipolar estaba a punto de tirar
la toalla. Le dije a mi psiquiatra que no estaba de acuerdo ni con el trato
ni con el tratamiento. Y dejé de ir a la consulta. Poco después tuve una
fuerte crisis maníaca que me trató un psiquiatra privado. Cuando me recuperé
le dije a mi madre que consideraba oportuno volver a la sanidad pública por
motivos ideológicos entre otras razones. Así que me planté en el equipo de
salud mental. Durante la consulta le dije al médico que últimamente no sabía
como organizarme el día. ¿Quieres que te ponga un enfermero? Me preguntó.
"Pozí". Fue mi respuesta. Realmente no sabía lo que me estaba ofreciendo. La
primera vez fui a la consulta del enfermero desconfiado. Pensaba que iba a
ser otro de los muchos esfuerzos inútiles que he hecho para curarme. Me
impuso tres condiciones. 1) Tienes que hacer todo lo que yo te diga. 2)
Tienes que respetarme. 3) No somos amigos. Yo me comprometí a cumplirlas sin
esperanza de que sirviera para nada. En ese momento estaba muy mal. Todos
mis proyectos habían fracasado aunque los había intentado con todas mis
fuerzas. Empezamos desde cero. Recuerdo que los primeros pasos fueron
recoger el lavavajillas e ir a la piscina. Suelen decirme que no soy
humilde. No voy a intentar refutarlo aquí pero tengo claro que en aquel
momento lo fuí cuando salté en picado de los grandes retos a la bolsa de
basura que empecé a bajar todos los días. El proceso supongo que habrá sido
parecido al de otras personas a los que vosotros, los enfermeros
psiquiátricos, habéis atendido en vuestras consultas. Con mucho esfuerzo he
ido consiguiendo objetivos. Después de cuatro años soy un "marujo" sin
competencia. Soy capaz de hacer todas las tareas domésticas. Hace unos días
estuve en Barcelona. Hice una lubina al horno en casa de unos amigos.
Estuvieron a punto de sacarme a hombros.

Todavía no hago la cama. El curso pasado dormí la mayoría de las noches en
un saco de dormir. Tenía construida una teoría en contra tan sólida que me
está costando trabajo desmontarla. Pero el siguiente paso será hacerla todos
los días. No porque piense que es necesario sino por hacer un diario
homenaje a mi enfermero que desde el primer día me insiste en que la haga.
Han pasado cuatro años. Ahora estoy mucho mejor. No solo soy un amo de casa.
Mis relaciones con los demás han mejorado. He perdido 26 kilos haciendo
dieta y ejercicio. He vuelto a la universidad… Pero lo más importante es que
he recuperado la ilusión. Todos sabemos que sin ilusión estamos muertos.

Álvaro Pemartín, un amigo médico de los que ya no quedan, suele bromear
cuando le tocas las manos: Eh! Eh! Eh! ¡Cuídado con estas manos! ¡Que estas
manos salvan vidas! ¡Ojo con vuestras manos enfermeros psiquiátricos! A mí
me ha salvado la vida uno de los vuestros. Ahora dejo su consulta porque a
partir de ahora me van a atender el un equipo de salud mental en Sevilla
donde estoy estudiando para no tener que ir cada dos por tres a Jerez. Por
tanto se rompe el trato. Ahora puedo decir con tranquilidad: ¡Gracias amigo!

Ramón Salido Suárez.